3 CUOTAS SIN INTERÉS O 20% DE DESCUENTO EN EFECTIVO O CON TRANSFERENCIA BANCARIA
de Justine Kurland (Fotógrafo, Contribuyente), Rebecca Bengal (Contribuyente)
La frontera norteamericana es un símbolo persistente de romanticismo, rebeldía, escape y libertad. Al mismo tiempo, es un mito profundamente masculino: cowboys, forajidos, poetas beat.
La fotógrafa Justine Kurland recuperó ese territorio en su ya icónica serie de imágenes de adolescentes, realizada entre 1997 y 2002 durante distintos viajes por paisajes y zonas rurales de Estados Unidos.
“Puse en escena a las chicas como un ejército de adolescentes fugitivas que se resistía a los ideales patriarcales”, explica Kurland. Las retrata como jóvenes libres y valientes, sensibles y feroces. Cazan y exploran, se trenzan el pelo unas a otras y nadan en pozones iluminados por el sol, sin prestar atención a la cámara —ni a quien mira—.
Su mundo es, al mismo tiempo, libre de reglas y utópico: una especie de Edén fronterizo, situado en esos espacios salvajes que existen apenas más allá de la infraestructura y las convenciones de la vida suburbana.
***
Justine Kurland (Warsaw, Nueva York, 1969) es una fotógrafa estadounidense cuya obra explora el paisaje, el viaje y las comunidades que se construyen al margen de las estructuras sociales. Formada en Yale, desarrolló desde finales de los años 90 una práctica ligada al recorrido por las rutas de Estados Unidos, donde construye escenas que imaginan otras formas de habitar el territorio.
Su trabajo cuestiona los relatos tradicionales asociados al paisaje norteamericano y propone, en su lugar, un imaginario atravesado por la experiencia femenina, la libertad y la vida en comunidad. A lo largo de distintas series, Kurland ha fotografiado adolescentes, madres, viajeros y comunidades nómadas, desplazando progresivamente su mirada desde la construcción de escenas hacia formas más íntimas y documentales.
En sus trabajos más recientes incorpora el collage y la apropiación para revisar la propia historia de la fotografía y sus cánones, continuando una búsqueda que atraviesa toda su obra: abrir espacio a otras formas de representación y de experiencia.
$120.000,00
Precio final: $96.000,00
de Justine Kurland (Fotógrafo, Contribuyente), Rebecca Bengal (Contribuyente)
La frontera norteamericana es un símbolo persistente de romanticismo, rebeldía, escape y libertad. Al mismo tiempo, es un mito profundamente masculino: cowboys, forajidos, poetas beat.
La fotógrafa Justine Kurland recuperó ese territorio en su ya icónica serie de imágenes de adolescentes, realizada entre 1997 y 2002 durante distintos viajes por paisajes y zonas rurales de Estados Unidos.
“Puse en escena a las chicas como un ejército de adolescentes fugitivas que se resistía a los ideales patriarcales”, explica Kurland. Las retrata como jóvenes libres y valientes, sensibles y feroces. Cazan y exploran, se trenzan el pelo unas a otras y nadan en pozones iluminados por el sol, sin prestar atención a la cámara —ni a quien mira—.
Su mundo es, al mismo tiempo, libre de reglas y utópico: una especie de Edén fronterizo, situado en esos espacios salvajes que existen apenas más allá de la infraestructura y las convenciones de la vida suburbana.
***
Justine Kurland (Warsaw, Nueva York, 1969) es una fotógrafa estadounidense cuya obra explora el paisaje, el viaje y las comunidades que se construyen al margen de las estructuras sociales. Formada en Yale, desarrolló desde finales de los años 90 una práctica ligada al recorrido por las rutas de Estados Unidos, donde construye escenas que imaginan otras formas de habitar el territorio.
Su trabajo cuestiona los relatos tradicionales asociados al paisaje norteamericano y propone, en su lugar, un imaginario atravesado por la experiencia femenina, la libertad y la vida en comunidad. A lo largo de distintas series, Kurland ha fotografiado adolescentes, madres, viajeros y comunidades nómadas, desplazando progresivamente su mirada desde la construcción de escenas hacia formas más íntimas y documentales.
En sus trabajos más recientes incorpora el collage y la apropiación para revisar la propia historia de la fotografía y sus cánones, continuando una búsqueda que atraviesa toda su obra: abrir espacio a otras formas de representación y de experiencia.